ES TIEMPO PARA BUSCAR A CRISTO

Carta Pastoral de Cuaresma Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

1. La antigua fórmula con que nos imponen la ceniza al comienzo de la Cuaresma : “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”, tuvo en los últimos tiempos una connotación fuerte en nuestra diócesis por el fallecimiento de varios sacerdotes muy queridos; y con el reciente terremoto devastador de Haití, donde murieron cientos de miles de personas a la vez, el mundo entero percibió que siempre debemos estar sobre aviso.

2. La Cuaresma es el tiempo en que los cristianos nos enfrentamos con nuestra fragilidad física y moral para – usando las palabras de la liturgia del Miércoles de Ceniza – “afrontar con la penitencia la lucha contra el espíritu del mal”, “dominar nuestras pasiones” para, “limpios de pecado, celebrar con fervor la Pasión de su Hijo”. Es ahora el tiempo para “reparar el mal que cometimos por nuestra ignorancia, no sea que, sorprendidos por la muerte, busquemos el tiempo para hacer penitencia y no lo encontremos”. Para comenzar y vivir bien los cuarenta días, es útil una regla, que San Ignacio da en los Ejercicios Espirituales para una buena elección: “considerar que me encuentro a punto de morir; el estilo de proceder y la norma, que en aquel momento querría haber vivido, la aplicaré en el presente” (E.E. 186).

3. El hacer una buena elección es particularmente importante para ustedes, queridos y queridas jóvenes, que deben descubrir el proyecto de su vida. Si bien no pueden forzar esta decisión, pero sí deben estar atentos a lo que el Señor les sugiere y les hace sentir en el corazón como una suave brisa del Espíritu. Si en este momento todavía no ven claro, pregúntense, si esto se debe a lo mejor a una afección indebida. Hay que purificar los sentidos para que nuestras pasiones se orienten hacia el bien. Jesús nos advierte especialmente sobre la importancia del dominio de la vista: “La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas” (Mt 6, 22-23). Pregúntense, chicas y muchachos, cómo repercuten las imágenes que entran por Internet o la Televisión en su interior. Si lo queremos a no, la vista nos transforma ineludiblemente: nos convertimos en lo que miramos. Esto vale en lo bueno y en lo malo. Déjense mirar por Cristo y mírenlo a Él. “Seremos semejantes al Señor, porque lo veremos tal cual es. El que tiene esta esperanza en Él, se purifica, así como Él es puro” (1 Jn 3, 2-3).

4. De los mayores que aplican la regla de San Ignacio, preguntándose cómo querrían haber actuado en el pasado, no pocos tendrán que reconocer que en su pareja o con sus hijos o en su profesión se han equivocado más de una vez; y sobre todo que han pecado por omisión al no haber hecho el bien que hubieran podido hacer y que otros esperaban. El examen de conciencia de un laico adulto ha de abarcar también su compromiso con la comunidad eclesial a la cual pertenece y con la sociedad civil, donde desenvuelve su vida de todos los días. Cada uno ha de saber, dónde está su flanco débil para poder tomar los recaudos contra el mal espíritu. Las armas propias en esta lucha son el ayuno, la oración y la limosna, como el mismo Jesús nos enseñó, cuando se internó en el desierto. El ayuno para dominar la sensualidad, la oración para frenar la soberbia, la limosna para liberarnos de la codicia. Nuestros talentos, nuestro tiempo y nuestros bienes son dones que Dios nos ha dado para que los compartamos y los pongamos al servicio de los demás. La campaña para el sostenimiento de la Iglesia en la Argentina y la campaña de nuestra Cáritas diocesana, que se realizan en este tiempo, esperan de nuestra parte una prueba clara de nuestra pertenencia a la Iglesia.

5. Una palabra especial quisiera dirigir a ustedes, a mis hermanos sacerdotes y diáconos, y a todos los consagrados y consagradas de la diócesis. Creo que estamos concientes de que la autenticidad de la Iglesia depende en gran parte de los que hemos sido llamados por el Señor para un servicio eclesial y del modo cómo lo vivimos. Si bien solemos tener nuestras semanas de espiritualidad propias, sin embargo, los días de la Cuaresma son, por excelencia, los Ejercicios Espirituales para todo el pueblo de Dios, del cual formamos parte y con el cual queremos compartir este tiempo sagrado. Tiempo que abarca no solamente los domingos, sino seis semanas, donde para cada día está prevista una misa propia con su mensaje. Pido por eso a los sacerdotes ofrezcan al pueblo de Dios, todos los días de la Cuaresma , la posibilidad de participar en la Eucaristía y también mayor facilidad para la reconciliación sacramental. El Papa Benedicto XVI comenta en la carta que mandó para este tiempo: “Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.”

6. Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo penitencial sea para todos un tiempo de verdadera conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo. Con el deseo que en estos cuarenta días muera en nosotros el hombre viejo y que en el Triduo Pascual sintamos la presencia de Cristo resucitado entre nosotros, los saludo y bendigo de todo corazón.

Luis T. Stöckler

Obispo de Quilmes

Entradas relacionadas